Primera generación
1970 - 1979
Límites y rutas
Lugares de residencia
Lugares emblemáticos
Sitios que visitaban con frecuencia
A pie por la sucursal del cielo
Libre, segura, sin límites. Esa era Caracas en los años 70. Los jóvenes podían andar por cualquier lugar de la ciudad, a cualquier hora, sin temor.
La capital de Venezuela era limpia y amable. Anna, Yvone y Antonio la recuerdan como tal, era una ciudad para caminar, para recorrer.
No había algo que no pudieran hacer si estaban en la ciudad: si buscaban cultura tenían el Museo de Bellas Artes y el de Ciencias Naturales, el Teatro Teresa Carreño, el Ateneo de Caracas y los cines como el que se encontraba en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes.
Si querían tomar algo había más de una opción: El Gran Café era el lugar de moda, allí podían codearse con la élite intelectual de la ciudad. Le Drugstore era una parada obligada para los caraqueños. Otros sitios populares eran El Trolly, El León y todas las tascas de Sabana Grande.
El Centro Simón Bolívar con sus torres marcó a esta generación, siendo uno de los emblemas en común para los caraqueños que compartieron su adolescencia en los años 70.
El paisaje como defensa y como remanso
El Ávila es mencionado por ésta generación como uno de los más resaltantes íconos. Luis Bergolla es periodista, fotógrafo, miembro de la Fundación Collectivox y creador de Caracas en 365. Él explica que la ciudad es un hecho social construido, es un modelo de pensamiento de como ocupar el espacio, donde para crearlo necesitas transformar tu ambiente natural. Entonces, cuando se habla de que lo mejor de la ciudad es el Ávila se niega el hecho urbano, dice Bergolla.
Aunque Bergolla también explica lo difícil de identificarse con estructuras que con el paso del tiempo han adquirido cargas políticas o sociales que van contra las creencias individuales. Por lo que hay que estar consciente de que cuando un ciudadano hace el ejercicio de mencionar edificios u obras emblemáticas se transporta al pasado, a la época en la que todavía las sentía parte de su ciudad.
La cotidianidad de la prisión capitalina
La inseguridad es un término con el que los adolescentes de los 70 no estaban plenamente identificados, pero han crecido para encontrarse encerrados en sus casas al oscurecer por el miedo a convertirse en víctimas.
Así mismo, notan cambios en la actitud del resto de los caraqueños, quienes ahora siempre son negativos. Wadalberto Rodríguez Laprea, psiquiatra, opina que estos cambios suceden por un conjunto de variables en la vida de los ciudadanos que al enfrentarse a situaciones tan hostiles y agresivas sienten que deben defenderse o serán destruidos por lo que los rodea.
Tienen que darse muchas pautas de cambio en el tiempo para que pueda haber un producto final que sea más o menos mesurable. En el sentido de que la gente pueda medir que ahora somos más agresivos, más violentos, menos educados, o que ahora somos menos solidarios.
Wadalberto Rodríguez
Caracas hecha mujer, Caracas hecha monstruo
Esta generación siente que su ciudad se expandió mucho, pero comparte la disconformidad por la falta de planificación con que lo hizo, entendiendo la Caracas de hoy como una ciudad desorganizada y caótica.
La arquitecto Ana Marval no solo secunda la opinión expresada por los caraqueños de la falta de organización en el crecimiento de la ciudad, sino que señala que los servicios públicos se quedaron cortos para el tamaño actual de Caracas.
Las grandes obras como Parque Central son cosas que no se encuentran entre las nuevas construcciones. Marval explica que las estructuras de esa magnitud no pueden ser cubiertas por un particular hoy en día y la construcción en la ciudad se mantiene por la iniciativa del sector privado. Además, asegura que la gente prefiere la escala pequeña “mientras menos gente, mejor”, dijo la arquitecto.
La identificación de esta generación con la ciudad parece incrementarse o mantenerse, a pesar del desorden y la inseguridad, aunque para algunos parezca amor a palos.
