Caracas nuestra

La ciudad a través de sus generaciones

Presentación

Caracas le abrió las puertas del paraíso a muchos venezolanos y extranjeros que anhelaron llegar a la sucursal del cielo en algún momento. La ciudad de los techos rojos que se transformó en la capital del progreso en la región: envidia y orgullo.

Recordar los años 70 es equivalente a pensar en la abundancia de Caracas. En una discoteca de La Castellana bailaba un grupo de jóvenes lo último de Bee-Gees. En Sabana Grande unos iban a las heladerías soñando ser John Travolta u Olivia Newton-John, pero algunos estaban más emocionados al sentarse en una mesa del Gran Café a codearse con la élite intelectual latinoamericana. Eran libres, eran jóvenes, y estaban disfrutando la vida entre calles cuyos rincones oscuros no eran más que un lugar perfecto para reír o robarle un beso a alguien.

La década de 1980 fue para los jóvenes un momento para descubrir. El Metro de Caracas fue el cómplice de muchas escapadas y ayudó a expandir los límites, para dejar atrás a la ciudad local, siendo de provecho hasta para los que no tenían una estación cerca de casa. El brillo, los escaparates relucientes: el Centro Comercial Ciudad Tamanaco, con su cine y sus discotecas era el gran favorito de los jóvenes que disfrutaban tanto La lambada como Karma Chameleon y bailaban hasta quedar exhaustos en su ciudad de grandes obras, que cada día se retaba a sí misma.

Atropellada y vertiginosa, toda una metrópoli. Así conoció la década de los 90 a la ciudad de Caracas. Las maquinitas de Sabana Grande con sus coloridos anuncios atraían a los jovencitos. También los invitaba el delicado peligro que implicaba irse de rumba en las noches y que generaba una mezcla de seducción con adrenalina entre los jóvenes que a las dos de la mañana seguían bailando en un local de Las Mercedes al ritmo del tecnomerengue que repetía “está pegao, yo sé que te gustó” y otros que estaban disfrutando lo último del rock en el Poliedro de Caracas en el concierto de Guns N’ Roses. Una ciudad perfecta para romper las reglas.

Esa ciudad ya no existe, pero será revivida en las historias de nueve caraqueños que compartieron sus recuerdos y experiencias por las calles y avenidas de la Caracas que algún día tuvieron.

Mercedes Rolingson