Lat 10°31’ -66°51’ Alt 940m

Segunda Generación

Límites y rutas
Lugares de residencia
Lugares emblemáticos
Sitios que visitaba con frecuencia

Jesús

Mi nombre es Jesús, la Caracas de mi adolescencia es bonita y llena de recuerdos. Un lugar amigable, ideal para caminar a cualquier hora, en el que podía encontrarme con la vida urbana y sacar buenas experiencias.

Yo a Caracas la concebía muy local, porque crecí en la parte norte de Altamira, muy cerca del Ávila. Bueno, y salvo que tuviéramos un carro a disposición, era muy difícil desplazarse: en casa había uno solo que era de mi papá. Cuando él estaba en la oficina lo que podía hacer era caminar por la cuadra.

A pesar de eso, las dimensiones de la ciudad las comprendía realmente cuando debía hacer viajes por carretera al interior. Ir de Altamira al peaje de Tazón era una travesía y allí finalizaba la ciudad. Y por el otro lado era al llegar a Petare.

El Metro de Caracas me abrió las puertas de la ciudad y muchas posibilidades. Yo viví su inauguración, que fue una gran solución; de hecho, ese era su eslogan: “La gran solución para Caracas”. Para las personas como yo, que no tenían acceso a otro medio de desplazamiento, fue maravilloso. Podía viajar y regresar muy temprano sin levantar sospechas.

Comencé a descubrir Caracas cuando tenía catorce años gracias al metro. Siempre fui una persona muy rebelde, muy transgresora y me rebelé un poco, digamos, de esa crianza controlada de sólo poder estar por los alrededores de Altamira; entonces me iba por ahí y caminaba la ciudad. Caminé mucho en esa época siempre cerca de alguna estación. No llegaba al sur de la ciudad, eso no tenía sentido para mí. Me desplazaba de este a oeste y viceversa.

Caracas a pie

Siempre estuve interesado en los deportes, así que los lugares a los que acudía con más frecuencia eran el Parque Miranda y el Parque del Este, en los que podía realizar alguna actividad física.

El centro de la ciudad era otro lugar al que iba.  Caminé mucho por sus calles, primero de la mano de mis padres y luego solo. También frecuentaba el Bulevar de Sabana Grande. Ese era un punto seguro para reunirme con los amigos y compañeros de clase y echar broma toda la tarde. A pesar de que el país venía de atravesar un momento económico delicado con el famoso viernes negro, recuerdo esta zona de la ciudad como un lugar lleno de luz, especialmente en las noches. Era increíble, todo iluminado, todas las marquesinas prendidas, las tiendas todas impecables. Siempre ofertando cosas buenas y con mucha luz.

El Centro Comercial Ciudad Tamanaco es un lugar que siempre me llamó la atención. Lo recuerdo como un lugar muy brillante y atractivo. Se movía mucho el área comercial en los ochenta a pesar de los problemas que enfrentaba el país después de la devaluación.

Las torres del Centro Simón Bolívar eran los únicos rascacielos que recuerdo en este momento en Caracas, pero no me resultaban muy interesantes. Para mí lo que importaba estaba más cerca de la tierra.

La seguridad se esfumó

Estudié Administración en la Universidad Central de Venezuela. Los viernes atravesaba la universidad a las nueve y media de la noche con mis compañeros y cruzábamos el Bulevar de Sabana Grande, desde Plaza Venezuela hasta Chacaíto donde yo tomaba la camionetica para subir a Altamira. Incluso de madrugada llegué a tomar esa ruta.

Podía ser que viera a alguna persona y me preguntara “¿en qué andará ese?”, pero nunca me sentí intimidado por esas situaciones. Es muy triste que se haya perdido la seguridad, la protección y la capacidad para desplazarse, para caminar por la ciudad.

Fíjate que ahora mi hijo adolescente me pide irse solo al colegio a tres cuadras de nuestra casa y le contesto que sobre mi cadáver. Es que hay una capa de inseguridad muy permanente en todos. Mientras hablo contigo estoy viendo por el vidrio el reflejo de la calle para saber quien está por detrás, eso antes no existía.

Más allá de la seguridad, otro problema de la ciudad es que los servicios no han crecido a la par de la demografía. El incremento de la población producto de la masificación de los urbanismos los ha afectado. Caracas se ha vuelto cada día más caótica, porque estaba concebida para una dimensión y ese crecimiento la ha vuelto en algunos casos invivible por la falta de políticas públicas acertadas. Las vías están cada vez más afectadas porque no hay mantenimiento. Caos, mi conclusión es caos. Bueno, al menos en el Municipio Libertador se eliminó la presencia de los buhoneros que por años invadieron zonas como Sabana Grande o la Avenida Baralt.

La arquitectura también ha quedado un poco relegada en la actualidad. Pienso que a la ciudad la han castigado, le han hecho cosas horribles: esos edificios de Misión Vivienda en la Libertador me parecen una tragedia. Y lo que hicieron con el Paseo Vargas, un proyecto que no terminó. Aquí en Chacao se hizo un gran esfuerzo con la recuperación de la Avenida Francisco de Miranda y era un placer al principio. Hoy en día está descuidada, pero ese proyecto debía terminar en Petare y nunca continuó.

Donde se encuentra la mayor oferta arquitectónica es en el área residencial y en centros comerciales; no veo que se haya invertido más en otros espacios.

A cada quien lo que le toque

No creo que se hayan marcado las diferencias sociales en la ciudad, porque a pesar del caos la gente puede movilizarse hacia cualquier lugar. Si les preguntas a los bachaqueros te dirían que no, porque los ves en cualquier lado. Aunque el metro cada día está más deteriorado, llega más lejos y conecta a más personas, lo que no quiere decir que sea un buen servicio. Hay más servicios, pero no son buenos.

En mi juventud también había problemas, especialmente económicos, de servicios y de corrupción, pero hoy se han magnificado. Lo que vive Venezuela hoy no sé si alguien lo recuerde en otro momento, esto está a nivel de Guerra Federal, cosas así. Además, los caraqueños cada día son menos urbanos, en parte como una consecuencia de los problemas de movilidad, porque se te va la vida en colas.

Los adolescentes de hoy en día encuentran otras formas de experimentar la ciudad. Tal vez mi disfrute no necesariamente es el mismo de mi hijo, porque él ve la ciudad a su manera y yo la veo a la mía. Lo que sí siento es que él no puede desplazarse con esa libertad con la que yo lo hice.

En la actualidad disfruto de espacios como el cine del Centro Comercial Los Naranjos, en el que puedo disfrutar con mis hijos. Pero lamento que las experiencias urbanas de ellos, como caminar por la ciudad, no puedan vivirlas en su propia ciudad, ni siquiera en su propio país, sino que deban conocer esta realidad en otros lugares.

La zona en la que crecí, Altamira y Los Palos Grandes, ha cambiado en tanto yo he cambiado. Ha cambiado mucho por todo lo que yo puedo hacer ahora. Siempre ha estado allí, pero yo la he ido descubriendo con los años. No hay grandes diferencias, no las recuerdo por lo menos.

Más allá de las calles

Hace un par de semanas mis hijos y yo fuimos a un plantón y coincidimos con el heladero que le vendía helados a mi sobrino, que ya no está en Venezuela, y el señor nos preguntaba por él. Cualquiera diría que a un heladero le compras y ya, pero aquí hay un vínculo; yo no sé si eso lo puedas conseguir en otra parte del mundo. Eso hay que honrarlo porque te dice el potencial que tienen los ciudadanos. Yo a Caracas la veo como un ser vivo.

No creo que el caraqueñismo se pueda perder, yo creo que más bien con los años eso se asienta y se ubica en el lugar correcto de tu alma. Creo que hoy quiero más a Caracas porque la encuentro maltratada y la veo con otros ojos. Me da mucha lástima lo que le pasa porque creo que tiene un potencial bárbaro.