Lat 10°31’ Long -66°56’ Alt 960m
Tercera Generación
Límites y rutas
Lugares de residencia
Lugares emblemáticos
Sitios que visitaba con frecuencia
Gorka
Caracas la ciudad de las amistades, conocer cosas nuevas, salir con los amigos y pasarla bien. Soy Gorka y esa es mi ciudad es bonita, la ciudad que cualquiera puede recordar de su adolescencia. Y es que Caracas es sólo un recuerdo porque la gente con la que crecí ya no está y yo me fui de Venezuela. Esa ciudad se ha ido.
Recuerdo las salidas al cine, comer y pasear con mi familia. Era una ciudad que ofrecía la oportunidad de divertirnos juntos. Mis lugares favoritos eran el cine y las maquinitas, en los que pasaba la mayoría del tiempo.
Mis límites para ese entonces eran Propatria hacia el oeste, porque solía visitar su centro comercial con mi madre. Hacia el este normalmente llegaba hasta Chacaíto; aunque sabía que existían Altamira y otros lugares, no los conocía bien porque no me movía solo en la ciudad.
Develando una ciudad cambiante
En esa época no había el boom de los centros comerciales que hay hoy en día, no existía un Sambil, un Recreo, ni muchos centros comerciales como los conocemos hoy. De hecho, el único del que guardo recuerdos en esa época es del Centro Comercial Ciudad Tamanaco. Aunque no podía ir solo, lo visitaba cuando mis padres me llevaban. Y cuando visitaba el CCCT y pasaba cerca del Cubo Negro, solía imaginar que había algún tesoro escondido o que el lugar poseía algún tipo de aura mística. Es que eran un cubo y una pirámide y en mis fantasías de niño eso me intrigaba.
La Previsora siempre me llamó la atención, porque tener un reloj tan alto me parecía un símil caraqueño al Big Ben en Londres. Y ahí mismo por Plaza Venezuela, recuerdo muchísimo los decorados de publicidad: la taza de Nescafé o la bola Pepsi; me fascinaban porque no eran edificios cuadrados y ya, sino que tenían arriba una taza gigante y roja y una bola gigantesca e iluminada.
Viví toda la vida en el oeste de la ciudad, en El Caribe de Catia, a unas cuadras de la estación Gato Negro del Metro de Caracas. Los cambios importantes que viví fueron la inauguración del Metro o cuando se colocó en el Parque del Oeste la escultura El colibrí y la culebra de Doménico Silvestro en 1982.
El último gran cambio que recuerdo en la zona fue la demolición del Retén de Catia en 1997, año en que el Papa Juan Pablo II visitó Caracas. Después de eso solo hubo más gente, más basura en la calle, mayor descuido de toda la zona, pero seguía siendo lo mismo.
Lo que falta y lo que se desborda
Estéticamente, ninguna estructura nueva de la ciudad me ha llamado la atención. Sin embargo, es impactante la forma en la que el Centro Comercial Sambil cambió el eje social de la ciudad, pero no lo considero llamativo como obra.
Por ejemplo, cuando conocí el Hospital Militar pensé “Oye, cuando se construyó, hace cincuenta años, este hospital debió ser una hermosura”. Pero eso es algo que me preocupa: el poco cuidado que se le da a los edificios en la ciudad. Si comparas con Madrid u otras ciudades europeas viejísimas, tienen edificios más viejos que nuestro país y los ves cuidados, bonitos, mantenidos. Creo que es algo que perdimos o que nunca tuvimos.
Más aún la misma ciudad es descuidada. El crecimiento de Caracas ha sido desordenado. Hay más tráfico, más casas, más edificaciones y bordes que se desdibujan cada día mientras las ciudades satélites se integran completamente a la ciudad. Y el problema que más me ha molestado es el de la basura. Por donde yo vivía, últimamente siempre había basura en las calles, eso no lo recuerdo cuando era niño.
La hermandad se esfuma
Algo que siempre disfruté de la ciudad eran los diciembres, cuando recorríamos la cuadra el 31. Me encantaba, porque a lo mejor había gente con la que no hablabas en todo el año, pero en ese momento compartías un trago o comida. Eso es algo que siempre me ha gustado mucho del caraqueño. Y es que de entre todas las cosas que se pueden decir de la ciudad, las separaciones sociales no son una de ellas. Nunca vi separación entre ricos y pobres o blancos y negros, en ese aspecto siempre hemos estado todos iguales. Las diferencias pueden ser ideológicas, políticas, hasta de equipos de béisbol, pero sociales no. Lamento que estas tradiciones se estén perdiendo porque los ciudadanos se han vuelto más defensivos, te miran con recelo pensando en lo que puedas hacerles.
Ahora hay menos lugares a dónde ir, menos movilidad, menos capacidad adquisitiva y menos seguridad. Hoy los jóvenes no tienen la misma oportunidad de crear vínculos con la ciudad. Mi hijo tiene once años y su experiencia fue muy distinta a la mía. No había tantas salidas, ni buenos recuerdos que formar con la ciudad como en mi época.
Caracas, solo un recuerdo
Ya no vivo en Venezuela y lo que más me molesta de la ciudad es no estar en ella. La Caracas que yo dejé cuando salí es un lugar donde salías a batallar, no solo por lo normal de la edad, sino también por la situación económica, social y política. No es la misma que yo añoro.
Hay algo que me ha llamado mucho la atención como emigrante. Como extraño la ciudad que era y no la que es, he perdido mucho la identidad como caraqueño. Te mentiría si te dijera que extraño la ciudad: extraño a la gente, a los recuerdos, las cosas que viví, pero son cosas que hoy en día no tendría allá. A medida que esos recuerdos se hacen más lejanos, debo aceptar que me siento menos caraqueño.
