Lat 10°28’ Long -66°49’ Alt 870 m

Primera Generación

Límites y rutas
Lugares de residencia
Lugares emblemáticos
Sitios que visitaba con frecuencia

Anna

Mi Caracas era una ciudad sabrosa para caminar porque me sentía segura. Soy Anna y siempre he vivido en Macaracuay donde, de pequeña, jugaba con los vecinos de mi edad. No había rejas, las casas eran abiertas y no había calles cerradas, ni portones, ni garitas de seguridad. Sólo la noche nos detenía. Podíamos hacer cosas simples que nos daban placer.

A medida que fui creciendo los límites de mi ciudad se fueron desdibujando porque, claro, al principio la ciudad llegaba hasta donde me llevaran mis padres. Ya cuando comencé a recorrerla sola mis sitios favoritos eran aquellos donde se reunían los que se creían bohemios, ¿te imaginas? Me acuerdo y me parto de la risa.

La verdad es amaba el cine y disfrutaba ir hasta el Centro Comercial Paseo Las Mercedes por sus dos salas, Paseo y Trasnocho. Hace unos años recuperaron ese espacio para hacer el Trasnocho Cultural y una de las salas la convirtieron en teatro y la otra en dos salas más pequeñas.

No tenía limitaciones para ir al sitio que quisiera; claro no había tanta oferta como ahora, pero podía ir. Era económicamente accesible ir al cine con los amigos y comer algo, no había necesidad de gastar cantidades exorbitantes de dinero; podíamos reunirnos en casa de mis amigos y mis papás me iban a buscar a las doce o a la una de la mañana y nadie tenía miedo de que se lo llevaran secuestrado o ser víctima de la inseguridad.

Una ciudad bohemia

Al concluir cada semestre iba al Gran Café, en lo que en ese entonces era la Calle Real de Sabana Grande, a celebrar con una cerveza. Allí nos reuníamos esos que nos creíamos bohemios; o también en el Ateneo de Caracas. Eran sitios para codearnos con escritores y artistas famosos. A veces nos daba la noche allí y es que en ese momento el problema de la seguridad no era un asunto grave. No porque no hubiese ladrones, pero yo llegué a pasear por Sabana Grande un sábado a las diez, once de la noche. Hacer eso ahora ¡ni pensarlo!.

Cerca del Ateneo estaba el Teatro Teresa Carreño, un hito arquitectónico de la ciudad. Lo visité por primera vez cuando estaba en bachillerato, el año en el que fue inaugurado, y la majestuosidad del sitio me dejó sin palabras.

Claro, había cosas más terrenales como el Centro Comercial Ciudad Tamanaco. Era un punto de reunión frecuente y sigue siendo uno de los lugares emblemáticos de Caracas. Ese era el sitio más in de la época… ¡era la pirámide invertida!

Muchos mundos, una ciudad

El Metro de Caracas fue muy importante en su momento. A mí, que siempre me llevaban y me traían, me dio acceso a lugares que antes se encontraban fuera de mis fronteras. Además, era muy limpio, la gente era amable y era un medio de transporte rápido y seguro.

Por otro lado, el crecimiento de la ciudad recientemente ha sido anárquico: sin los servicios adecuados, sin planificación. Aunque sí hay una oferta arquitectónica interesante, lo que vemos aquí no es lo más moderno y solo se ven propuestas en el área residencial.

Lo que más me molesta de Caracas es la inseguridad. Ya no puedo realizar actividades con libertad, pues debo llegar a casa antes de que caiga la noche. Yo recuerdo haber estado en Plaza Venezuela, cuando estaba estudiando, pidiendo plata en un potazo. Pregúntame si ahora yo me voy a atrever a ir a pararme en un semáforo de Plaza Venezuela con un pote a pedir plata. O sea, no.

La ciudad ha arrastrado muchos problemas viejos, como el del tránsito pesado por la ciudad y todo lo que eso conlleva. ¡Eso ha sido toda la vida! Y claro, como esos problemas nunca se solucionaron lo que hicieron fue agravarse con el pasar del tiempo.

Y de problemas nuevos creo que la mendicidad es lo que más me ha llamado la atención. Las diferencias sociales siempre han estado muy marcadas en Caracas, pero creo que se han profundizado últimamente. De adolescente, yo no recuerdo haber visto tantos mendigos, aunque no sé si es que no los había o es que yo no los veía.

Regresando a las raíces

De adolescente yo siempre encontraba la forma de disfrutar, los muchachos de ahora también. Pero la sencillez con la que disfrutábamos, sin preocuparnos ni por la seguridad ni por el costo se ha perdido. Yo salía a comer o a tomarme algo y no era un lujo ni un riesgo.

A donde iba mucho era a El León, ahí en La Castellana. Era una cervecería, pero en una zona como de millonarios y estaba al lado del Country Club, ¡ay es que eso era como otro mundo! Ahora si quiero conseguir el mismo ambiente, aunque los gustos hayan cambiado, voy a El Hatillo o a La Lagunita.

Otra vez he vuelto al Trasnocho. Me parece un espacio espectacular en el que puedo sentarme a tomar un café, un vino o comer algo. Está el teatro y el cine, entonces para mí es un espacio muy valioso.

Tal vez porque siempre he vivido aquí y puedo hacer lo que antes hacía, es que me siento hoy igual de caraqueña que en mi adolescencia, ni más ni menos.